Y pasaron los años, y las margaritas de colores de antaño se fueron transformando en transparentes y delicadas flores de encaje en el cajón de mi mesilla, mientras tú permanecías impasible. Te guardé un regalo durante mucho tiempo, ese regalo que te habría hecho especial, el que sólo puedes regalar una vez en la vida. Te elegí como el hombre a quien quería entregar aquel valioso presente que ningún otro podría disfrutar nunca jamás. Pero tú elegiste no elegirme.
Ahora puedo decir que la suerte al fin se puso de mi parte aquel 13 de septiembre. Encontré la estaca a la que agarrarme, la cuerda que me sacó de tu pozo sin fondo. Logré olvidarte por un tiempo y empezar una relación maravillosa. Hoy, 9 meses después, tengo que reconocer que tengo dudas. Has vuelto a aparecer, como un tsunami que cuando llega arrasa todo, derrumbando los pilares del castillo que tanto había tardado en construir. Pero esta vez es diferente, esta vez no es a mí a quien arrastrará la marea.
M.